Ir al contenido principal

Conversaciones al vuelo



1

—Perdón, pero me ha resultado interesante su actividad…

—Claro… y por lo visto también a su perro, que se ha dedicado a corretearme.

—Perdón nuevamente. ¿Puedo hacerle una pregunta, nada más?

—Si, por supuesto. Mientras mantenga firme la correa…

—¿Para qué vuela usted?

—¿Ahora, o en general?

—En general.

—Hubiese pensado que le resultaba obvio… Para pescar, para arrojar un cangrejo sobre la piedra, para encontrar a mi compañera y llevar helechos al nido cuando es época... para escapar de perros sueltos.

—Y, permítame la impertinencia, ¿vale la pena?

—Bueno, ya ve usted. Soy una gaviota.

—Cierto.

—...

—Bueno, gracias, siga con lo suyo, no la molesto más.

—La correa.

—Sí, sí, no se preocupe… Hasta luego.

—...


2

—Disculpe… ¿es usted…?

—Sí, la misma.

—Perdón, es que no…

—Claro, me he dado cuenta. A ustedes siempre les cuesta. Es entendible; así sin ropas, sin objetos accesorios, sin vehículos…

—Sí, pero convengamos que sus cuerpos tampoco…

—Son tan diferentes. Supongo entonces que usted no está percibiendo las distinciones…

—Sabe que, al menos en esta zona, usamos la palabra “distinción” para un honor concedido a alguien.

—Que lo hace, por eso mismo, “distinto” de otros.

—Así es.

—Bien. Entre nosotras no existen tales honores. Nos distinguimos por la voz, por cierta tonalidad de las plumas aquí, por ejemplo ¿ve?, por alguna lastimadura que deja su huella…

—Nosotros, de hecho, también… Bueno, no las plumas, pero sí los ojos, cierta manera de sonreír de costado, el cabello, los olores…

—Claro, en eso no estamos muy lejos. Sólo que en nuestro caso, todo es más desnudo, más evidente, más...

—¿Puro?

—Primigenio, iba a decir.

—...

—Seguramente me será más fácil la próxima, pero si no, por favor, hábleme usted.

—Cómo no.


3

—Hace varios días que no lo veía por aquí…

—Usted sabe, la lluvia…

—Sí, lo entiendo. A nosotras también, en semanas como ésta, se nos ve poco…

—Pero imagino que deberán salir sí o sí para conseguir comida.

—Bueno, ustedes también, ¿no?

—La verdad que sí, pero en nuestro caso supongo que es más fácil, en general se trata de salir a comprar algo, y eso si es que no lo tenemos ya almacenado en casa…

—Perdón… ¿Qué sería comprar?

—Obtener algo, en este caso comida, pagándolo con dinero.

—¿…?

Ah, sí, claro… Bueno, pagar es dar algo de valor a cambio de otra cosa que uno quiere o necesita. Por razones de practicidad, el valor se representa en unos papeles, o de alguna otra forma bastante portátil, como para llevar en el bolsillo. A éso le llamamos dinero. ¿Ve?

Claro, siempre ingeniosos… Pero dígame una cosa ¿Es necesario hacer tanto embrollo por la comida? ¿No basta con salir por ahí a juntarla? Disculpe, cada uno tiene sus costumbres, ya sé, pero veo que ustedes tienen tanta… De hecho, varias de mis congéneres se han acostumbrado a comer en esas montañas que unos suyos están construyendo más allá, tierra adentro pero no tanto, con infinidad de artilugios mezclados… entre los que se encuentra mucha comida.

¡No! Dígales que no vayan ahí, esa comida está arruinada, esas montañas se llaman basural, un lugar donde se tira todo lo que no sirve más, o los desechos que sobran de lo que ha servido para algo.

Espere, espere, por favor. ¿Me dice que todo lo que no usan más lo amontonan en un solo lugar, que ahí mismo tiran las sobras de la comida, mientras tienen que ir a dar cosas de valor a cambio de comida nueva? Discúlpeme, es mucho para digerir… ¡Oiga! ¡Su perrito!

—Uh, sí, disculpe, me distraje pensando… Sabe, para mí también es difícil…

—Bueno, al menos…

—…

Me va a perdonar, pero tengo hambre atrasado. Voy a tratar de ponerme al día, que por acá la pesca lleva lo suyo… Acá no hay puerto como más al sur. ¡Ésas sí que la tienen fácil! Pero no crea que me quejo, no. A mí me gusta esta tranquilidad, y cada uno a lo suyo…

Usted lo ha dicho, vaya nomás, que este muchacho también está impaciente... por correr unas gaviotas.

¡!

¡Chiste, chiste!




Comentarios